De la misma serie para en Canal 22, y en el mismo tenor que el texto anterior me encontré este otro sobre Guillermo Arriaga, que lo escribí para un proyecto que se llamaba Galería de Cine Mexicano, ahora recuerdo que el de Vicente Leñero también era para eso.
Al final hablo del Búfalo de la Noche, que aun no había visto. Luego me tocó, por azares del destino estar en la premier, sentada a un lado de la abuelita de Arriaga, y ni cómo decir que era malísima. La nueva no la he visto.
“Una película de…”
El cuestionamiento sobre la autoría de una obra cinematográfica parece haber tomado por sorpresa a los incautos que un día de abril se encontraron con parabuses que mostraban la portada de una conocida revista chilanga; la fotografía de Guillermo Arriaga y Alejandro González Iñárritu aparecía dramáticamente desgarrada por el medio, haciendo una metáfora muy poco metafórica de la muy pública separación del duo promesa del cine mexicano.
Con 3 películas exitosas parecía insólito que una pareja tan prolífica y tan aparentemente compatible rompiera de forma tan aparatosa. Sin embargo algunos auguraron el desenlace cuando al final de Babel se leía “Historia de Alejandro González Iñarritu y Guillermo Arriaga”, toda una afrenta.
Más allá de los detalles personales y la toma de bandos que siguó al divorcio, lo que se lee más importante es la naciente conciencia que esta discusión provoca. Qué papel juega el guionista en la creación de una cinta y qué lugar se le debe dar en un universo cinematográfico que parece desdeñar a aquel que, a través de su pericia, conocimiento y visión única le permite al director, fotógrafo, director de arte y demás cientos de imprescindibles elementos, conformar una obra visual.
Para entender esto es necesario introducirnos a la labor del que es, según Vicente Leñero, el mejor guionista de México, un hombre que a través de su obra literaria ha puesto sobre la mesa una cuestión tan convenientemente ignorada como la es el rol del escritor en la creación cinematográfica.
Retorno 201
Guillermo Arriaga Jordan nace en la Ciudad de México un 13 de marzo de 1958, crece en la Unidad Modelo, ubicada en Iztapalapa, antiguo barrio bravo de la ciudad del que extrajo las experiencias que vivió de los ocho a los 19 años para convertirlas en imágenes pertenecientes a tres de las películas mexicanas más exitosas de todos los tiempos: Amores Perros, 21 Gramos y Babel.
Su perro Cofi, las peleas de perros a las que los vecinos lo sometían, el ambiente decadente y las escenas de violencia presenciadas en los insondables callejones alrededor de su calle, Retorno 201, son solo una parte de su vida transladada a guiones cinematográficos.
Al presentar sus cartas expone: Soy hijo de Carlos y Amelia, esposo de Maru, padre de Santiago y Mariana, como queriendo dejar claro que ante todo es un hombre de familia que no rechaza su origen a pesar de ser la celebridad que reconocemos recibiendo palmas en los festivales internacionales más prestigiosos.
Un dulce olor a muerte
Un cazador que escribe, Guillermo Arriaga cuenta que desde pequeño su padre no faltó un solo fin de semana en llevarlos a los esperados días de campo. Es en estas tardes familiares en las que desarrolla el amor por la naturaleza, nacido solamente, según sus propias palabras, a través de la noción de muerte. Para este reputado guionista no puede existir un sentido de pertenencia cuando no se conoce vívidamente la distinción entre vida y muerte.
Él la adquirió a través de la cacería, actividad a la que considera el último gran rito de la humanidad, sin el cual el hombre se convierte en un producto domesticado e inválido, escindido de su entorno y de sí mismo.
Resulta inevitable reconocer estas ideas en su trabajo cinematográfico pues sus protagonistas, siempre inmersos en situaciones límite, citan constantemente las grandes obsesiones de Arriaga, el amor y la muerte. Todos motivados por el deseo vísceral y primitivo de pertenecer y ser amados, los protagonistas recorren caminos dantescos que los guían hacia una dudosa pero eventual redención.
Se puede afirmar que algunas de las constantes en su trabajo son, por un lado, la contextualización verosímil y familiar que se hace en cada creación, y su translado a la pantalla a través de la participación cercana e íntima en los procesos de preproducción; por otro lado, se identifica en Arriaga el manejo de deseos, metas y motivaciones recurrentes e inherentes al ser humano, lo cual le da a sus personajes un carácter de universalidad que crea una profunda identificación con los públicos de países con culturas y tradiciones discordantes.
El búfalo de la noche
Guillermo Arriaga dice nunca trabajar en más de una obra a la vez. Un obseso del lenguaje como se autonombra, utiliza horarios nocturnos para crear los universos que hemos disfrutado en las numerosas adaptaciones a la pantalla que de su trabajo ha hecho.
Un dulce olor a muerte fue la primer novela de Arriaga que se transladó al cine. El autor no interviene en ningún momento durante la producción y deja en manos del equipo la tarea de preproducción, scouting y casting. El resultado es evidente, su construcción estética es desmantelada pasando de ser una expresión de la decadencia social del México provinciano a una oda al paisajismo deslavada de toda crítica posible.
Es por esto que el afamado guionista decide que en todas sus participaciones futuras deberán existir relaciones de intervención cercana con el director o cualquier elemento de producción que injiera en la toma de decisiones tan importantes, y frecuentemente tan ignoradas como la elección de locaciones o la selección de actores.
Es de esta forma que nace Amores Perros, 21 Gramos y Babel, cintas realizadas hombro con hombro con el director Alejandro González Iñarritu y en las que Arriaga funge no solo como guionista sino también como productor asociado.
Amores Perros se estrena en el 2000 y el éxito no se deja esperar. Es aclamada por la crítica mundial y es un éxito en taquilla, proyecta a la fama a todo el equipo detrás de ella, incluyendo al hoy productor y dueño, junto con Diego Luna, de Canana -una de las productoras independientes más activas del país- Gael García Bernal. Así mismo gana una mención honorífica en el Festival de Cannes.
Escuadrón Guillotina
No hace falta decir que Amores Perros marcó un antes y un después en la carrera de Guillermo Arriaga. A partir del estreno de esta laureada cinta, comienza un camino sin retorno que lo llevará a tener el tan esperado status de respetadísimo –teóricamente- guionista por el que siempre había luchado. Sin embargo, a pesar del reconocimiento y de su innegable influencia en el éxito de los filmes que nacen de su trabajo como escritor, Arriaga aun tenía que pelear la autoría de su propio trabajo.
Yo creo que hay que reconsiderar y replantear la autoría de una obra cinematográfica, porque la palabra autor va al origen de donde surge algo, es autor Shakespeare de la obra de teatro, es autor Wagner de tal sinfonía, (...) ¿Por qué en el cine le otorgan a un interpretador como es el director, la única autoría de la obra?
Por eso hago la distinción entre guionista y escritor de cine Guionista es el que hace una función de oficio para traducir las necesidades de un director y un productor para hacer una obra, ese es un guionista de cine, es decir crea una guía. Pero también hay un escritor de cine que pone un mundo interior, que pone una construcción de lenguaje, que pone una construcción estructural, que compone una visión ética y estética. Yo invito a que se vean las trayectorias, invito a que se vea la trayectoria de mi trabajo desde que tenia 18 años y que vean cuales son mis preocupaciones estilísticas y éticas en relación por ejemplo a quien ha dirigido mi obra, de dónde viene cada uno y veremos de quién es la autoría de cada qué. Hay que ver los genes, (…), de dónde son los genes, a quién le pertenecen, de quién son las preocupaciones vitales, de quién es el mundo.
__
Guillermo Arriaga produjo en el 2006 la película El Bufalo de la noche, misma que fue estrenada con éxito en el festival de Sundance en su edición 2007. Actuada por Diego Luna, Camila Sodi y Verónica Langer, entre otros, y dirigida por el venezolano Jorge Hernández Aldana, fue nominada en la categoría de Mejor Director en Cine Dramático Extranjero en el mismo festival realizado anualmente en Utah, EEUU.
Nominado al Oscar, a los Globos de Oro, a los premios BAFTA del Reino Unido y a los prestigiosos premios que el Writers Guild of America entrega cada año, Arriaga ha acumulado en su haber no solo el honor de ser considerado, sino también preseas como palmas al mejor guión por Los tres Entierros de Melquiades Estrada en el Festival de Cannes, mejor guión por Amores Perros en el Montréál Festival of New Cinema y por la misma película en la Mostra de Cinema Llatinoamericà de Lleida.1
1. Fuente IMDB
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miércoles, 8 de julio de 2009
Corte, cámara, acción: el guionista a escena.
De la misma serie escrita para Sextante. Creo que este fue mi favorito.
Todos los hice en el 2007!!! se ve tan lejano ahora.
Pueden leerlo en la versión original que aun esta en línea dando click AQUI. Y vale la pena porque les quedo súper ese micrositio, gracias a todo el equipo de diseño en el departamento de Internet del Canal 22 y especialmente a Marisol Velarde.
A Ricardo Álvarez
Mucho ha acontecido desde las primeras proyecciones de las tomas de vista de los hermanos Lumière en Paris a finales del siglo XIX. Desde entonces cada gran cambio en los paradigmas de la humanidad, ha tenido una reacción recíproca y visual en las películas del siglo por venir, desde el advenimiento del cine sonoro hasta la adopción del cine de autor, el cine de género o el actual boom por el cine independiente.
Pero antes que ser un espejo social, un foro filosófico o un escenario estético, el cine es una industria que genera miles de millones de dólares anuales; no obstante que a su alrededor se generan muchos intereses, la meta final, intrínseca e inseparable de toda película, es la de contar una historia, que es donde entra a cuadro de uno de los actores más menospreciados en la historia del cine: el guionista.
Los engranajes de la maquinaria.
Una vez que hemos planteado que el cine es una industria, la cual, como cualquier otro negocio exitoso, utiliza una serie de estándares y fórmulas para triunfar, podemos comenzar a explicar quiénes son los elementos que arman su producto final.
Al terminar una película, aunque esta sea una pequeña animación de 5 minutos, nos daremos cuenta, al ver la secuencia de créditos, que el número de personas involucradas nos resulta a veces simplemente exorbitante. Y sin obviar al asistente de transporte o al asistente del maquillista, hay al menos tres créditos que son esenciales y que aparecen, usualmente, al principio de dicha secuencia. Éstos son los de director, productor y guionista.
El productor.
Para Brian Gazer, productor de al menos 40 éxitos taquilleros, entre los que destacan Camino a la perdición (2002), Tiburón (1969) y Paseando a Miss Daisy (1989), por encima de todo un productor debe caracterizarse por tener:
“Fe, convicción y gran pasión con relación a donde tú crees que puede llevarte, tanto en lo profesional como en lo personal, una película. Si tienes determinada visión sobre un filme y crees firmemente en esa visión, tienes que ser impecable sobre eso y no dejar que nada diluya lo que crees que puede ser el punto final y definitivo de la película”1.
El productor de una película es aquel que escoge un proyecto sobre un universo de posibilidades y trabaja para conseguir todos los recursos materiales y humanos para que éste se realice. Ya sean productores independientes, o empleados de grandes corporaciones productoras, su función básica siempre será la de llevar a cabo los proyectos que se le encomienden, o aquellos que éste proponga, gracias a la puesta en acción de un agudo sentido que identifica posibles éxitos no sólo en forma de historias, sino también personificados en un director, un actor o un fotógrafo.
Es tarea del productor escoger cuáles películas se hacen, qué guionistas las escriben, qué directores las dirigen y qué actores las actúan. Un buen productor es aquel que tiene la visión de encontrar un gran proyecto; un excelente productor es aquel que, habiendo encontrado un gran proyecto, lo lleva a cabo y en el camino aporta creativamente y propone cambios positivos.
En el cine norteamericano es muy común ver las películas anunciadas como “Del productor de…”, pues sus nombres son garantía del éxito de las películas con las que se asocian.
El director.
Según Norman Jewison, el director de películas como Hechizo de Luna (1989) o El Huracán (1999), ser director se trata de algo primordial: manipular y saber hacerlo bien:
“Algunas personas a eso lo llaman comunicar o inspirar. Yo lo llamo, sencillamente, manipulación. El director esta constantemente manipulando a la gente, tanto a los actores, como a los operadores de cámara, a los técnicos de sonido, a los técnicos de iluminación, a los compositores y a los guionistas. Trata de manipular a todo el mundo con el objetivo de configurar su interpretación de la historia, su visión del filme.”2
El hecho es que el trabajo de un director de cine es ejecutar una obra que le fue dada, o que él mismo escribió, en un guión. Lo que distingue a los directores, y por lo que preferimos a uno sobre todos los demás, es su visión transladada a la pantalla a través de la aplicación de los recursos cinematográficos, de su manera personal de usarlos para hacer concreto el guión. El director es aquel que usa todos los recursos que el productor obtuvo, económicos y humanos, para concretar la obra visual.
El nivel de control que un director tiene sobre la película varía de país en país y fluctúa dependiendo de la trayectoria del mismo. En EE.UU., por ejemplo, el corte final (la copia que se distribuye) de una película, no lo hace necesariamente el director y cuando lo hace, es porque éste ha ganado el derecho a hacerlo, a través de un gran prestigio.
Por su parte en México, el director tiene un papel prioritario que ha llevado, incluso, a acalorados debates públicos que ponen en tela de juicio la importancia de los otros dos personajes principales, dada la supremacía del director.
El guionista.
Para Frank Pierson, exitoso productor, director y guionista de cine y televisión:
“Pertenece al oficio del escritor e se vean impulsados a buscarse a sí mismos en el interior de la historia, posibilitando, de esta l provocar que el director y los actores no se limiten simplemente a reproducir un texto, sino que forma, el acto creativo. El texto pretende ser y debe ser construido para ser interpretado.”3
Un guionista es un escritor especializado que utiliza el cine como el medio para contar sus historias. A diferencia de un novelista o un cuentista, la labor del guionista siempre será, por definición, visual. La narrativa, la introspección y los largos periodos reflexivos que leemos normalmente en una obra literaria son incompatibles al trabajo estructural y preciso que el guionista debe hacer.
Pieza cardinal en el arte colaborativo del cine, tal vez por las características mismas de su trabajo, el guionista es menospreciado en la maquinaria cinematográfica.
Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
El escritor de cine, guionista, o libretista, pasa largos periodos de tiempo a solas durante el desarrollo de la historia. Por su naturaleza pre-figurativa, es él o ella, el primer personaje de una cadena de muchos, quien edita, dirige y actúa una película. Cada diálogo, cada movimiento, cada tono y cada risa son resultado de largas horas, días, meses, o incluso años de exhaustiva atención al detalle. Pero si bien su obra será inevitablemente modificada, reinterpretada y magnificada, por productor, director y actores, de esto resultará un nuevo tratamiento de la misma.
Martín Salinas, guionista mexicano, autor de Nicotina (2003), afirma que la relación del escritor de cine con el productor, “gira alrededor de un contrato para producir un guión, no una película. Cuando se trata de vender algo que uno ha escrito por su cuenta, la relación se trata de discutir un contrato para fijar límites. Dentro de este esquema que los abarca a todos, hay productores que se involucran más que otros en el aspecto creativo. En Latinoamérica, las relaciones son mucho más personales, menos “de industria”, lo que tiene sus ventajas y desventajas.”4
Una de estas ventajas de la relación más personal, resulta más accesible para cualquier cantidad de guionistas, (los cuales, por cierto, no abundan) presentar sus obras para la consideración de un productor. Al ser la tarea del guionista una muy demandante y altamente metódica, aquellos que la practican profesionalmente son muy pocos, por lo tanto, los proyectos son igual de escasos; además la relación productor-guionista se da de una forma más sencilla y deja abierta la posibilidad para el productor de seleccionar cualquier proyecto que desee de entre todos los que le son propuestos.
La misma prelación deviene en obstáculo cuando las decisiones del productor se basan en la amistad o en la simple empatía que haya en un grupo. Alguna vez leí una cita de Patricia Arriaga sobre lo machista que era el mundo del cine, haciendo referencia específicamente a que los contratos se cerraban en “el table”. En su momento, su aseveración me pareció exagerada, pero tristemente, no lo es. Cuando un guionista logra tener las suficientes relaciones públicas para llegar a un círculo, tiene que lograr pertenecer a él. Y esto se logrará, muchas veces y por muy escandaloso que suene, a través de la típica visita “al antro”.
En experiencia de guionistas mexicanos, la falta de formalidad y protocolo en la industria nacional agrava aun más los conflictos de creación, financiamiento y producción de proyectos, lo cual termina golpeando duramente al escritor profesional y a los estudiantes, que no ven en ésta profesión un campo claro y legalmente protegido para ejercer.
Aída Bortnik, guionista argentina nominada al Óscar en 1986 por la película La Historia Oficial, filme ganador ese mismo año del Premio de la Academia como Mejor Película Extranjera, nos brinda una opinión de primera mano sobre la relación que guarda el guionista para con el director: “debería ser de mutuo entendimiento, mutuo respeto. No unidad de mirada, pero sí dirección de mirada.
Yo hice la tercera parte el guión de Crecer de Golpe (1977) con mucho entusiasmo, y de pronto paré, me di cuenta de que estaba escribiendo para Fellini, no para Renán (Sergio). Y Renán tiene otra sensibilidad, había otras cosas que le interesaban de la historia. Me di cuenta a tiempo y comencé de nuevo.
He trabajado en la compaginación de varias películas, maravillosa experiencia, junto con el director, por supuesto y con invitación y me parece que debería ser parte del trabajo del autor. Pero no siempre es así. Escribir para cine es un trabajo en el que se aprende mucho de la naturaleza humana, Pero sobre todo se aprende de la peor parte de la naturaleza humana, porque tanto los éxitos como los fracasos cambian mucho a la gente: un día te despedís del Dr. Jekyll y al otro día te encontrás con Mr. Hyde.”5
Contigo y sin ti: el guionista, el director y el productor.
La pareja de guionista y director es probablemente la más delicada de todas. Casi como en una relación sentimental, director y guionista deben encontrarse mutuamente y descubrir si existe o no química entre ellos de lo que depende que exista película. Tendrán que compartir gustos y complementar la visión que cada uno tenga del filme a producirse. Para hacer esto, ambos deben desnudar sus puntos de vista, involucrarse y ser mutuamente vulnerables.
Esta interacción va más allá de la colaboración: alcanza niveles personales y de confianza que si llegan a romperse pueden resultar en separaciones definitivas y contundentes, similares a algunas muy públicas como la muy comentada ruptura entre Alejandro González Iñarritu y Guillermo Arriaga a principios del presente año.
La relación entre director y guionistas se complica al tratarse de dos personas altamente sensibles, talentosas y creativas, pues ambas buscarán tener el control de ciertos aspectos de la película, si no es que de toda ella, pero es gracias a este apretado toma y daka que disfrutamos hoy de obras maestras, producto de la estrecha colaboración y retroalimentación entre guionista y director.
Como una gran máquina llena de miles de pequeños engranes, tornillos, pernos, pistones y demás, la industria cinematográfica se sostiene a través de una red de involucrados que logran desarrollar un proyecto de principio a fin. La tarea puede empezar a través de un productor con una gran visión o con un guionista que ha pasado años escribiendo el guión de su vida, pero en la marcha, deberán colaborar con un ejército humano, cargado de tecnología y recursos económicos, para poder hacer visual todo un universo creado hasta el más mínimo detalle por la unión de cientos de talentos.
Valorando al guionista.
Es cierto que la relación que guardan entre sí el productor, director y guionista es fundamental para la consecución de un proyecto cinematográfico. Finalmente, depende de ellos y de su visión, que el producto final, la película, tenga un discurso formal congruente, no sólo en el guión, sino en su aspecto histriónico, visual, musical, fotográfico y artístico.
Pero de estos tres personajes: director, productor y guionista, es el papel de este último el que se valora menos, tal vez porque su labor, en un nivel empírico e inherente a nuestra naturaleza, es compartida por todos los humanos, es decir, todos somos capaces de contar historias, lo hacemos constantemente desde la infancia. Además podemos juzgar la verosimilitud de las que vemos en pantalla: sabemos cuándo un actor lo hace bien, cuándo nos “hace sentir” y aunque no estemos familiarizados con la estructura o con aquellos elementos arquetípicos sobre los cuales se construyen la mayor parte de las historias en el cine, podemos juzgar cuando “la película estuvo buena” o cuando, “estuvo muy jalada”, refiriéndonos a que la historia fue absolutamente inadmisible. Estos juicios se dan independientes de los valores de producción, de la impecable o terrible fotografía, de las nunca vistas o comunes tomas del director, o de la actuación sobresaliente o floja de los protagonistas. Es por eso que la tarea del guionista puede ser juzgada y destrozada, por cualquiera, porque todos creemos conocer su labor, no así cuando se trata del director, el productor o en general cualquier elemento que no porte una etiqueta suficientemente descriptiva.
En consecuencia, esta falta de entendimiento del papel que desempeña un guionista ha llevado a una inevitable falta de reconocimiento del mismo y aquí podemos conjeturar lógicamente sobre las consecuencias: si no se valora al escritor, no se valora el guión, por lo tanto se descuida la película misma y se hacen historias al vapor, mal estructuradas, que por consiguiente serán productos carentes de verosimilitud o profundidad alguna, endebles al fallo de cualquiera de los valores de producción y completamente vulnerables al fracaso. Si no se valora el argumento, los libretistas son mal pagados y tienen que recurrir a trabajar en muchos proyectos independientes, por lo que el desarrollo de guiones originales se ve limitado por la necesidad por subsistir de quien los crea.
Actualmente se vive en México un auge en la búsqueda de nuevos proyectos. Los productores, ya sean de las grandes televisoras o de las empresas privadas, terminan encontrándose con grandes obstáculos cuando se dan cuenta que sus guionistas no tienen los conocimientos necesarios para desarrollar series tipo sitcom o thrillers sicológicos para cine y televisión. Y es que la industria en México nunca necesitó que los guionistas se educaran en esas artes. Hasta hace unos años los medios se dedicaban a transmitir repeticiones de añejas comedias o a regrabar, con distinto cast, las mismas telenovelas de siempre; sin embargo, el gusto del público se hace cada vez más sofisticado y exige calidad y novedad.
El guionismo, como cualquier otra profesión, requiere una educación especializada, en constante actualización. La protección y reconocimiento de los derechos de un guionista debe ser una obligación para cualquier producción, no una opción, como lo ha sido hasta ahora. Pero dicho reconocimiento no se dará, en México, como no se dio en las industrias consolidadas, por ósmosis, o por la aceptación de productores y directores del peso de una buena historia.
En Estados Unidos tomó décadas de negociación y años de huelgas de guionistas para que sus derechos fueran reconocidos y un sindicato de escritores fuera aceptado como legalmente constituido. Los miembros fundadores del ahora Writers Guild of America enfrentaron argumentos inauditos como que “los escritores no eran “trabajadores” por lo que las leyes del trabajo no eran aplicables para ellos”;6 no obstante, su lucha y la pobreza en la que muchos cayeron a causa de las prolongadas huelgas, rindió frutos y ahora sus derechos son respetados, aunque aproximadamente cada 5 o 6 años, cuando se renegocian los contratos del WGA, haya siempre el peligro latente de una huelga de escritores, tal vez solo para recordarles a los productores, quién tiene el control.
Sin duda la industria cinematográfica en nuestro país tiene un largo camino que recorrer, pero al contar con la voluntad de grandes productoras por desarrollar proyectos originales, los ejemplos normalizados de otras industrias internacionales y la intervención de la Sociedad General de Escritores de México, es inevitable que se llegue a un punto donde la relación de mutuo respeto creativo pase también a ser una de mutuo reconocimiento legal y público, en donde seguramente dejaremos de ver a guionistas y directores compatibles, luchando públicamente para defender su aportación creativa a uno de las artes más prolíficas del siglo XX: el cine.
Fuentes:
1. Seger, Linda y Whetmore, Edward J. Cómo se hace una película, del guión a la pantalla, Barcelona, Manontroppo, Editorial Creación, 2004. p.57
2. Ibid, p. 89
3. Ibid, p. 50
4. Busquier, Christian. Escribimos cine, estudio sobre la discreta profesión de ser guionista, Buenos Aires, La Crujía Ediciones, 2004. p.161
5. Ibid, p. 151
6. Written By. The Magazine of the Writers Guild of America, West. (Octubre 2006) Our Founding Father. Ed Rampell. Obtenido el 30 de agosto de 2007 en: HYPERLINK "http://www.wga.org/writtenby/writtenbysub.aspx?id=2238" http://www.wga.org/writtenby/writtenbysub.aspx?id=2238
Mamet, David. Bambi vs. Godzilla, On the nature, purpose, and practice of the movie business. Nueva York, Pantheon Books, 2007.
Todos los hice en el 2007!!! se ve tan lejano ahora.
Pueden leerlo en la versión original que aun esta en línea dando click AQUI. Y vale la pena porque les quedo súper ese micrositio, gracias a todo el equipo de diseño en el departamento de Internet del Canal 22 y especialmente a Marisol Velarde.
A Ricardo Álvarez
“The writer is the
most important
person in Hollywood,
but we must never tell
the sons of bitches.”
Irving. G. Thalberg.
most important
person in Hollywood,
but we must never tell
the sons of bitches.”
Irving. G. Thalberg.
Mucho ha acontecido desde las primeras proyecciones de las tomas de vista de los hermanos Lumière en Paris a finales del siglo XIX. Desde entonces cada gran cambio en los paradigmas de la humanidad, ha tenido una reacción recíproca y visual en las películas del siglo por venir, desde el advenimiento del cine sonoro hasta la adopción del cine de autor, el cine de género o el actual boom por el cine independiente.
Pero antes que ser un espejo social, un foro filosófico o un escenario estético, el cine es una industria que genera miles de millones de dólares anuales; no obstante que a su alrededor se generan muchos intereses, la meta final, intrínseca e inseparable de toda película, es la de contar una historia, que es donde entra a cuadro de uno de los actores más menospreciados en la historia del cine: el guionista.
Los engranajes de la maquinaria.
Una vez que hemos planteado que el cine es una industria, la cual, como cualquier otro negocio exitoso, utiliza una serie de estándares y fórmulas para triunfar, podemos comenzar a explicar quiénes son los elementos que arman su producto final.
Al terminar una película, aunque esta sea una pequeña animación de 5 minutos, nos daremos cuenta, al ver la secuencia de créditos, que el número de personas involucradas nos resulta a veces simplemente exorbitante. Y sin obviar al asistente de transporte o al asistente del maquillista, hay al menos tres créditos que son esenciales y que aparecen, usualmente, al principio de dicha secuencia. Éstos son los de director, productor y guionista.
El productor.
“El productor es como
el director de una orquesta:
puede que no sepa tocar todos
los instrumentos, pero sabe cómo
debe sonar cada uno de ellos.”
Richard Zanuck.
el director de una orquesta:
puede que no sepa tocar todos
los instrumentos, pero sabe cómo
debe sonar cada uno de ellos.”
Richard Zanuck.
Para Brian Gazer, productor de al menos 40 éxitos taquilleros, entre los que destacan Camino a la perdición (2002), Tiburón (1969) y Paseando a Miss Daisy (1989), por encima de todo un productor debe caracterizarse por tener:
“Fe, convicción y gran pasión con relación a donde tú crees que puede llevarte, tanto en lo profesional como en lo personal, una película. Si tienes determinada visión sobre un filme y crees firmemente en esa visión, tienes que ser impecable sobre eso y no dejar que nada diluya lo que crees que puede ser el punto final y definitivo de la película”1.
El productor de una película es aquel que escoge un proyecto sobre un universo de posibilidades y trabaja para conseguir todos los recursos materiales y humanos para que éste se realice. Ya sean productores independientes, o empleados de grandes corporaciones productoras, su función básica siempre será la de llevar a cabo los proyectos que se le encomienden, o aquellos que éste proponga, gracias a la puesta en acción de un agudo sentido que identifica posibles éxitos no sólo en forma de historias, sino también personificados en un director, un actor o un fotógrafo.
Es tarea del productor escoger cuáles películas se hacen, qué guionistas las escriben, qué directores las dirigen y qué actores las actúan. Un buen productor es aquel que tiene la visión de encontrar un gran proyecto; un excelente productor es aquel que, habiendo encontrado un gran proyecto, lo lleva a cabo y en el camino aporta creativamente y propone cambios positivos.
En el cine norteamericano es muy común ver las películas anunciadas como “Del productor de…”, pues sus nombres son garantía del éxito de las películas con las que se asocian.
El director.
“Cada filme tiene vida;
es su propio destino el que debe guiarlo.
La razón de que nosotros hagamos una película,
es que una película es para siempre.”
Norman Jewison.
es su propio destino el que debe guiarlo.
La razón de que nosotros hagamos una película,
es que una película es para siempre.”
Norman Jewison.
Según Norman Jewison, el director de películas como Hechizo de Luna (1989) o El Huracán (1999), ser director se trata de algo primordial: manipular y saber hacerlo bien:
“Algunas personas a eso lo llaman comunicar o inspirar. Yo lo llamo, sencillamente, manipulación. El director esta constantemente manipulando a la gente, tanto a los actores, como a los operadores de cámara, a los técnicos de sonido, a los técnicos de iluminación, a los compositores y a los guionistas. Trata de manipular a todo el mundo con el objetivo de configurar su interpretación de la historia, su visión del filme.”2
El hecho es que el trabajo de un director de cine es ejecutar una obra que le fue dada, o que él mismo escribió, en un guión. Lo que distingue a los directores, y por lo que preferimos a uno sobre todos los demás, es su visión transladada a la pantalla a través de la aplicación de los recursos cinematográficos, de su manera personal de usarlos para hacer concreto el guión. El director es aquel que usa todos los recursos que el productor obtuvo, económicos y humanos, para concretar la obra visual.
El nivel de control que un director tiene sobre la película varía de país en país y fluctúa dependiendo de la trayectoria del mismo. En EE.UU., por ejemplo, el corte final (la copia que se distribuye) de una película, no lo hace necesariamente el director y cuando lo hace, es porque éste ha ganado el derecho a hacerlo, a través de un gran prestigio.
Por su parte en México, el director tiene un papel prioritario que ha llevado, incluso, a acalorados debates públicos que ponen en tela de juicio la importancia de los otros dos personajes principales, dada la supremacía del director.
El guionista.
“Los espectadores
desconocen que alguien
se sienta y escribe una película.
Piensan que los actores
se lo inventan sobre la marcha.”
Billy Wilder.
desconocen que alguien
se sienta y escribe una película.
Piensan que los actores
se lo inventan sobre la marcha.”
Billy Wilder.
Para Frank Pierson, exitoso productor, director y guionista de cine y televisión:
“Pertenece al oficio del escritor e se vean impulsados a buscarse a sí mismos en el interior de la historia, posibilitando, de esta l provocar que el director y los actores no se limiten simplemente a reproducir un texto, sino que forma, el acto creativo. El texto pretende ser y debe ser construido para ser interpretado.”3
Un guionista es un escritor especializado que utiliza el cine como el medio para contar sus historias. A diferencia de un novelista o un cuentista, la labor del guionista siempre será, por definición, visual. La narrativa, la introspección y los largos periodos reflexivos que leemos normalmente en una obra literaria son incompatibles al trabajo estructural y preciso que el guionista debe hacer.
Pieza cardinal en el arte colaborativo del cine, tal vez por las características mismas de su trabajo, el guionista es menospreciado en la maquinaria cinematográfica.
Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
El escritor de cine, guionista, o libretista, pasa largos periodos de tiempo a solas durante el desarrollo de la historia. Por su naturaleza pre-figurativa, es él o ella, el primer personaje de una cadena de muchos, quien edita, dirige y actúa una película. Cada diálogo, cada movimiento, cada tono y cada risa son resultado de largas horas, días, meses, o incluso años de exhaustiva atención al detalle. Pero si bien su obra será inevitablemente modificada, reinterpretada y magnificada, por productor, director y actores, de esto resultará un nuevo tratamiento de la misma.
Martín Salinas, guionista mexicano, autor de Nicotina (2003), afirma que la relación del escritor de cine con el productor, “gira alrededor de un contrato para producir un guión, no una película. Cuando se trata de vender algo que uno ha escrito por su cuenta, la relación se trata de discutir un contrato para fijar límites. Dentro de este esquema que los abarca a todos, hay productores que se involucran más que otros en el aspecto creativo. En Latinoamérica, las relaciones son mucho más personales, menos “de industria”, lo que tiene sus ventajas y desventajas.”4
Una de estas ventajas de la relación más personal, resulta más accesible para cualquier cantidad de guionistas, (los cuales, por cierto, no abundan) presentar sus obras para la consideración de un productor. Al ser la tarea del guionista una muy demandante y altamente metódica, aquellos que la practican profesionalmente son muy pocos, por lo tanto, los proyectos son igual de escasos; además la relación productor-guionista se da de una forma más sencilla y deja abierta la posibilidad para el productor de seleccionar cualquier proyecto que desee de entre todos los que le son propuestos.
La misma prelación deviene en obstáculo cuando las decisiones del productor se basan en la amistad o en la simple empatía que haya en un grupo. Alguna vez leí una cita de Patricia Arriaga sobre lo machista que era el mundo del cine, haciendo referencia específicamente a que los contratos se cerraban en “el table”. En su momento, su aseveración me pareció exagerada, pero tristemente, no lo es. Cuando un guionista logra tener las suficientes relaciones públicas para llegar a un círculo, tiene que lograr pertenecer a él. Y esto se logrará, muchas veces y por muy escandaloso que suene, a través de la típica visita “al antro”.
En experiencia de guionistas mexicanos, la falta de formalidad y protocolo en la industria nacional agrava aun más los conflictos de creación, financiamiento y producción de proyectos, lo cual termina golpeando duramente al escritor profesional y a los estudiantes, que no ven en ésta profesión un campo claro y legalmente protegido para ejercer.
Aída Bortnik, guionista argentina nominada al Óscar en 1986 por la película La Historia Oficial, filme ganador ese mismo año del Premio de la Academia como Mejor Película Extranjera, nos brinda una opinión de primera mano sobre la relación que guarda el guionista para con el director: “debería ser de mutuo entendimiento, mutuo respeto. No unidad de mirada, pero sí dirección de mirada.
Yo hice la tercera parte el guión de Crecer de Golpe (1977) con mucho entusiasmo, y de pronto paré, me di cuenta de que estaba escribiendo para Fellini, no para Renán (Sergio). Y Renán tiene otra sensibilidad, había otras cosas que le interesaban de la historia. Me di cuenta a tiempo y comencé de nuevo.
He trabajado en la compaginación de varias películas, maravillosa experiencia, junto con el director, por supuesto y con invitación y me parece que debería ser parte del trabajo del autor. Pero no siempre es así. Escribir para cine es un trabajo en el que se aprende mucho de la naturaleza humana, Pero sobre todo se aprende de la peor parte de la naturaleza humana, porque tanto los éxitos como los fracasos cambian mucho a la gente: un día te despedís del Dr. Jekyll y al otro día te encontrás con Mr. Hyde.”5
Contigo y sin ti: el guionista, el director y el productor.
“Te sorprenderías de la gran cantidad
de detalles que hay en cada pequeña pieza de un filme;
son muchos más de los que jamás podrías llegar a imaginar.”
Robert Grieve.
de detalles que hay en cada pequeña pieza de un filme;
son muchos más de los que jamás podrías llegar a imaginar.”
Robert Grieve.
La pareja de guionista y director es probablemente la más delicada de todas. Casi como en una relación sentimental, director y guionista deben encontrarse mutuamente y descubrir si existe o no química entre ellos de lo que depende que exista película. Tendrán que compartir gustos y complementar la visión que cada uno tenga del filme a producirse. Para hacer esto, ambos deben desnudar sus puntos de vista, involucrarse y ser mutuamente vulnerables.
Esta interacción va más allá de la colaboración: alcanza niveles personales y de confianza que si llegan a romperse pueden resultar en separaciones definitivas y contundentes, similares a algunas muy públicas como la muy comentada ruptura entre Alejandro González Iñarritu y Guillermo Arriaga a principios del presente año.
La relación entre director y guionistas se complica al tratarse de dos personas altamente sensibles, talentosas y creativas, pues ambas buscarán tener el control de ciertos aspectos de la película, si no es que de toda ella, pero es gracias a este apretado toma y daka que disfrutamos hoy de obras maestras, producto de la estrecha colaboración y retroalimentación entre guionista y director.
Como una gran máquina llena de miles de pequeños engranes, tornillos, pernos, pistones y demás, la industria cinematográfica se sostiene a través de una red de involucrados que logran desarrollar un proyecto de principio a fin. La tarea puede empezar a través de un productor con una gran visión o con un guionista que ha pasado años escribiendo el guión de su vida, pero en la marcha, deberán colaborar con un ejército humano, cargado de tecnología y recursos económicos, para poder hacer visual todo un universo creado hasta el más mínimo detalle por la unión de cientos de talentos.
Valorando al guionista.
Es cierto que la relación que guardan entre sí el productor, director y guionista es fundamental para la consecución de un proyecto cinematográfico. Finalmente, depende de ellos y de su visión, que el producto final, la película, tenga un discurso formal congruente, no sólo en el guión, sino en su aspecto histriónico, visual, musical, fotográfico y artístico.
Pero de estos tres personajes: director, productor y guionista, es el papel de este último el que se valora menos, tal vez porque su labor, en un nivel empírico e inherente a nuestra naturaleza, es compartida por todos los humanos, es decir, todos somos capaces de contar historias, lo hacemos constantemente desde la infancia. Además podemos juzgar la verosimilitud de las que vemos en pantalla: sabemos cuándo un actor lo hace bien, cuándo nos “hace sentir” y aunque no estemos familiarizados con la estructura o con aquellos elementos arquetípicos sobre los cuales se construyen la mayor parte de las historias en el cine, podemos juzgar cuando “la película estuvo buena” o cuando, “estuvo muy jalada”, refiriéndonos a que la historia fue absolutamente inadmisible. Estos juicios se dan independientes de los valores de producción, de la impecable o terrible fotografía, de las nunca vistas o comunes tomas del director, o de la actuación sobresaliente o floja de los protagonistas. Es por eso que la tarea del guionista puede ser juzgada y destrozada, por cualquiera, porque todos creemos conocer su labor, no así cuando se trata del director, el productor o en general cualquier elemento que no porte una etiqueta suficientemente descriptiva.
En consecuencia, esta falta de entendimiento del papel que desempeña un guionista ha llevado a una inevitable falta de reconocimiento del mismo y aquí podemos conjeturar lógicamente sobre las consecuencias: si no se valora al escritor, no se valora el guión, por lo tanto se descuida la película misma y se hacen historias al vapor, mal estructuradas, que por consiguiente serán productos carentes de verosimilitud o profundidad alguna, endebles al fallo de cualquiera de los valores de producción y completamente vulnerables al fracaso. Si no se valora el argumento, los libretistas son mal pagados y tienen que recurrir a trabajar en muchos proyectos independientes, por lo que el desarrollo de guiones originales se ve limitado por la necesidad por subsistir de quien los crea.
Actualmente se vive en México un auge en la búsqueda de nuevos proyectos. Los productores, ya sean de las grandes televisoras o de las empresas privadas, terminan encontrándose con grandes obstáculos cuando se dan cuenta que sus guionistas no tienen los conocimientos necesarios para desarrollar series tipo sitcom o thrillers sicológicos para cine y televisión. Y es que la industria en México nunca necesitó que los guionistas se educaran en esas artes. Hasta hace unos años los medios se dedicaban a transmitir repeticiones de añejas comedias o a regrabar, con distinto cast, las mismas telenovelas de siempre; sin embargo, el gusto del público se hace cada vez más sofisticado y exige calidad y novedad.
El guionismo, como cualquier otra profesión, requiere una educación especializada, en constante actualización. La protección y reconocimiento de los derechos de un guionista debe ser una obligación para cualquier producción, no una opción, como lo ha sido hasta ahora. Pero dicho reconocimiento no se dará, en México, como no se dio en las industrias consolidadas, por ósmosis, o por la aceptación de productores y directores del peso de una buena historia.
En Estados Unidos tomó décadas de negociación y años de huelgas de guionistas para que sus derechos fueran reconocidos y un sindicato de escritores fuera aceptado como legalmente constituido. Los miembros fundadores del ahora Writers Guild of America enfrentaron argumentos inauditos como que “los escritores no eran “trabajadores” por lo que las leyes del trabajo no eran aplicables para ellos”;6 no obstante, su lucha y la pobreza en la que muchos cayeron a causa de las prolongadas huelgas, rindió frutos y ahora sus derechos son respetados, aunque aproximadamente cada 5 o 6 años, cuando se renegocian los contratos del WGA, haya siempre el peligro latente de una huelga de escritores, tal vez solo para recordarles a los productores, quién tiene el control.
Sin duda la industria cinematográfica en nuestro país tiene un largo camino que recorrer, pero al contar con la voluntad de grandes productoras por desarrollar proyectos originales, los ejemplos normalizados de otras industrias internacionales y la intervención de la Sociedad General de Escritores de México, es inevitable que se llegue a un punto donde la relación de mutuo respeto creativo pase también a ser una de mutuo reconocimiento legal y público, en donde seguramente dejaremos de ver a guionistas y directores compatibles, luchando públicamente para defender su aportación creativa a uno de las artes más prolíficas del siglo XX: el cine.
Fuentes:
1. Seger, Linda y Whetmore, Edward J. Cómo se hace una película, del guión a la pantalla, Barcelona, Manontroppo, Editorial Creación, 2004. p.57
2. Ibid, p. 89
3. Ibid, p. 50
4. Busquier, Christian. Escribimos cine, estudio sobre la discreta profesión de ser guionista, Buenos Aires, La Crujía Ediciones, 2004. p.161
5. Ibid, p. 151
6. Written By. The Magazine of the Writers Guild of America, West. (Octubre 2006) Our Founding Father. Ed Rampell. Obtenido el 30 de agosto de 2007 en: HYPERLINK "http://www.wga.org/writtenby/writtenbysub.aspx?id=2238" http://www.wga.org/writtenby/writtenbysub.aspx?id=2238
Mamet, David. Bambi vs. Godzilla, On the nature, purpose, and practice of the movie business. Nueva York, Pantheon Books, 2007.
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más sobre guionistas: Vicente Leñero
de aquellos del Canal 22 también, me encontré este sobre Vicente Leñero
En la década de los años sesenta un fenómeno literario irrumpió en los circuitos intelectuales españoles: el Boom Latinoamericano había llegado al país ibérico y autores como García Márquez o Julio Cortázar eran reconocidos como los mayores exponentes de los tan populares géneros del Realismo mágico y lo Real maravilloso. Alternos a esta corriente, se desarrolló una nueva generación de creadores que con gran pericia literaria y paciencia pedagógica sentaron las bases de lo que sería denominado como “el nuevo cine mexicano”.
De estos literatos destaca Vicente Leñero, perteneciente al Boom Latinoamericano en su corriente realistay escritor de obras como Los Albañiles (1976) novela que luego sería recreadas en joyas de la cinematografía que nos permiten comprender la transición que el cine mexicano atraviesa actualmente.
Vicente Leñero nace en Guadalajara, México el 9 de Junio de 1933. Su formación profesional como ingeniero civil, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, y ciomo periodista de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García nos permiten comprender algunas de las constantes o más citadas características en su obra, a saber, la reiteración de cuestionamientos morales patentes en de adaptaciones como El crimen del padre Amaro o en El Callejón de los Milagros, la incursión en enfoques costumbristas, naturalistas o inclusive hiperrealistas de sus creaciones cinematográficas, tales como la resonada Los Albañiles y por otro lado, la constante fijación en temas referentes al asesinato y a la marginación social en su producción novelística.
El estilo de Leñero puede notarse al dar un vistazo a algunos títulos de su producción1 como guionista:
- El Crimen del padre Amaro (2002)
- La Ley de Herodes (1999)
- El Callejón de los milagros (1995)
- Miroslava (1993)
- Mariana, Mariana (1987)
- Las Grandes aguas (1980)
- Cadena perpetua (1979)
- Cuando tejen las arañas (1979)
- Los Albañiles (1976)
La persona de Leñero - es de gran trascendencia para el cine mexicano, pero también la repercusión del autor en la filmografía nacional como formador de los que hoy consideramos los grandes guionistas de la actualidad: Guillermo Arriaga, Guillermo Ríos y Enrique Rentaría… son algunos de los alumnos que Vicente Leñero procuró en sus ya famosos –y recientemente retomados- talleres de guionismo. La importancia del maestro resumida en la afirmación de Pedro Armendáriz quien alguna vez dijo que no ha habido un guión de cine donde no haya puesto un punto, una coma, un borrón, un tachón, con esa invaluable y fantástica generosidad que tiene2.
La industria cinematográfica no ha sido la única beneficiaria de la experiencia de Leñero. Durante más de treinta años se ha desarrollado exitosamente como novelista, ensayista, investigador, editor3, dramaturgo y guionista, ramas todas de una misma pasión periodística que se ve reflejada en el acercamiento casi documental a la realidad que el autorhace en sus argumentos.
De la misma forma en que se puede decir que sin un Ismael Rodríguez Pedro Infante habría sido un actor más y no el ídolo de México, sin un Vicente
y guionistas mexicanos habrían carecido del rigor con el que recrean la realidad y escriben sus historias.
No ha sido fácil, incluso para una figura como Leñero, salir victorioso en una decadente industria como la del cine mexicano, cuyos accidentados métodos de administración hacen de cualquier buena producción un milagro.
Vicente Leñero, reconocido en con el Mayahuel de Plata, pasará a la historia como un pionero. A través de su agudo ojo para recrear la realidad, su primigenia experimentación con estructuras narrativas y su elocuencia en la construcción de diálogos ha logrado posicionarse como “el jefe de jefes”, título que, medio en broma, le otorgó Guillermo Arriaga, quien le reconoce como el ejemplo “para todos los que nos hemos dedicado a la literatura o al cine”.4
1. Para consultar la filmografía completa: www.imdb.com
2. http://www.proceso.com.mx/noticia.html?sec=0&nta=49243
3. Vicente Leñero, fundador y director durante 20 años de la revista Proceso
4. http://www.eluniversal.com.mx/espectaculos/75459.html
En la década de los años sesenta un fenómeno literario irrumpió en los circuitos intelectuales españoles: el Boom Latinoamericano había llegado al país ibérico y autores como García Márquez o Julio Cortázar eran reconocidos como los mayores exponentes de los tan populares géneros del Realismo mágico y lo Real maravilloso. Alternos a esta corriente, se desarrolló una nueva generación de creadores que con gran pericia literaria y paciencia pedagógica sentaron las bases de lo que sería denominado como “el nuevo cine mexicano”.
De estos literatos destaca Vicente Leñero, perteneciente al Boom Latinoamericano en su corriente realistay escritor de obras como Los Albañiles (1976) novela que luego sería recreadas en joyas de la cinematografía que nos permiten comprender la transición que el cine mexicano atraviesa actualmente.
Vicente Leñero nace en Guadalajara, México el 9 de Junio de 1933. Su formación profesional como ingeniero civil, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, y ciomo periodista de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García nos permiten comprender algunas de las constantes o más citadas características en su obra, a saber, la reiteración de cuestionamientos morales patentes en de adaptaciones como El crimen del padre Amaro o en El Callejón de los Milagros, la incursión en enfoques costumbristas, naturalistas o inclusive hiperrealistas de sus creaciones cinematográficas, tales como la resonada Los Albañiles y por otro lado, la constante fijación en temas referentes al asesinato y a la marginación social en su producción novelística.
El estilo de Leñero puede notarse al dar un vistazo a algunos títulos de su producción1 como guionista:
- El Crimen del padre Amaro (2002)
- La Ley de Herodes (1999)
- El Callejón de los milagros (1995)
- Miroslava (1993)
- Mariana, Mariana (1987)
- Las Grandes aguas (1980)
- Cadena perpetua (1979)
- Cuando tejen las arañas (1979)
- Los Albañiles (1976)
La persona de Leñero - es de gran trascendencia para el cine mexicano, pero también la repercusión del autor en la filmografía nacional como formador de los que hoy consideramos los grandes guionistas de la actualidad: Guillermo Arriaga, Guillermo Ríos y Enrique Rentaría… son algunos de los alumnos que Vicente Leñero procuró en sus ya famosos –y recientemente retomados- talleres de guionismo. La importancia del maestro resumida en la afirmación de Pedro Armendáriz quien alguna vez dijo que no ha habido un guión de cine donde no haya puesto un punto, una coma, un borrón, un tachón, con esa invaluable y fantástica generosidad que tiene2.
La industria cinematográfica no ha sido la única beneficiaria de la experiencia de Leñero. Durante más de treinta años se ha desarrollado exitosamente como novelista, ensayista, investigador, editor3, dramaturgo y guionista, ramas todas de una misma pasión periodística que se ve reflejada en el acercamiento casi documental a la realidad que el autorhace en sus argumentos.
De la misma forma en que se puede decir que sin un Ismael Rodríguez Pedro Infante habría sido un actor más y no el ídolo de México, sin un Vicente
y guionistas mexicanos habrían carecido del rigor con el que recrean la realidad y escriben sus historias.
No ha sido fácil, incluso para una figura como Leñero, salir victorioso en una decadente industria como la del cine mexicano, cuyos accidentados métodos de administración hacen de cualquier buena producción un milagro.
Vicente Leñero, reconocido en con el Mayahuel de Plata, pasará a la historia como un pionero. A través de su agudo ojo para recrear la realidad, su primigenia experimentación con estructuras narrativas y su elocuencia en la construcción de diálogos ha logrado posicionarse como “el jefe de jefes”, título que, medio en broma, le otorgó Guillermo Arriaga, quien le reconoce como el ejemplo “para todos los que nos hemos dedicado a la literatura o al cine”.4
1. Para consultar la filmografía completa: www.imdb.com
2. http://www.proceso.com.mx/noticia.html?sec=0&nta=49243
3. Vicente Leñero, fundador y director durante 20 años de la revista Proceso
4. http://www.eluniversal.com.mx/espectaculos/75459.html
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